La última vez que Luzmila Carpio dejó escuchar su altísima voz en La Paz fue para cantar su Kuntur Mallku para “abrazar y dar cariño” —como ella misma recuerda— a las víctimas del llamado Octubre Negro. Fue en El Alto, a finales de 2003.   

Han pasado diez años. Y mucha agua ha corrido desde entonces. No sólo para las víctimas de esos luctuosos sucesos que todavía esperan justicia sino también para la cantante nacida en la comunidad Ch’iuta Qala Qala de Uncía, provincia Bustillos del departamento de Potosí, en 1949.

En ese tiempo, Luzmila Carpio fue, por invitación del presidente Evo Morales, Embajadora de Bolivia en Francia (2006-2011). Pero sus obligaciones diplomáticas no la alejaron de la música, en esos años grabó un exitoso disco: Canto de la Tierra y las estrellas. Una obra novedosa en su discografía —más de 15 títulos—, puesto que en esta oportunidad su canto quechua no está acompañado por los instrumentos andinos sino por instrumentos provenientes de otras tradiciones.

Y esa nueva experiencia musical es la que el público de La Paz podrá apreciar en tres conciertos —el viernes 4, el sábado 5 y el domingo 6 de octubre a las 20.00— en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez.

Agenda cultural de BoliviaCarpio define a Canto de la Tierra y las estrellas como un oratorio. “He trabajado mucho en la música y los mensajes —dice la artista— para poder decir a la Madre Tierra que es lo que yo siento y que es lo que mi madre y mi abuela sentían. En este oratorio está reflejado todo el pensamiento de los ancestros sobre el cuidado que debemos brindar a esa divinidad que es la Madre Tierra porque de ella recibimos los frutos para poder vivir”.

Las composiciones de Canto de la Tierra y las estrellas son de la cantante boliviana y los arreglos del músico francés Pierrick Hardy, quien además dirige a los músicos e interpreta la guitarra. Esta conjunción de tradiciones y nacionalidades está pensada como “una reunión entre las dos caras de un mismo mundo”, como dice la presentación del espectáculo. Dos sensibilidades “que comparten la misma visión del futuro y la búsqueda de dos luces para iluminar mejor, esta vez con sonidos del nuevo milenio que se hacen eco del mensaje de la Tierra misma”.

Junto a Hardy y Carpio, en los conciertos del Teatro Municipal tocarán Michel Deneuve, intérprete del órgano de cristal; Henri Tournier, a cargo de las flautas, octobass y bansuri; Yves Torchinsky en el bajo y Pierre Rigopoulos en la percusión.

“Todas las composiciones son mías, en letras y melodías —dice la artista—. Pierrick Hardy, un músico bretón, ha hecho los arreglos. Para la interpretación hemos invitado a músicos solistas, que se han unido para este proyecto”.

“La música que he compuesto es la música quechua —continúa Carpio—, esa música tiene las mismas cinco notas que tiene la Tierra, porque la Tierra es pentatónica. Pero esta vez hemos orquestado las melodías con instrumentos universales”.

La decisión de utilizar instrumentos universales —como los llama la cantante— se relaciona con una convicción que acompaña a Luzmila Carpio desde hace tiempo y que ha orientado su creación artística: el cuidado de la Madre Tierra.

“Ahora quiero que mi mensaje sea universal —explica—. Nuestra Tierra Madre está enferma, está muy sufrida. No se necesita ser de aquí o de allá para saberlo. Los científicos lo dicen con la cabeza y con palabras muy bien hilvanadas, pero la música habla con el corazón. Y yo quiero llegar al corazón de todos. Quiero que el mensaje sea universal para crear más amor hacia la Tierra”.

El disco Canto de la Tierra y las estrellas se grabó en Francia y se mezcló en los famosos estudios Abbey Road de Londres. El disco que lo precede, Kuntur Mallku, fue reconocido con el Diapasón de Oro, un galardón que otorga la crítica francesa especializada a las producciones de música clásica. Esos exitosos discos son dos hitos en la prolongada carrera de Carpio. Una carrera que comenzó en los años 60 en Bolivia cuando dio sus primeros pasos en los escenarios de la música folklórica. En 1970 fue nombrada Ñusta del Festival de la Canción organizado por el sello discográfico Lauro, lo que significó una amplia difusión de su música. Y al año siguiente, en 1971, fue reconocida en el III Festival Nacional de la Canción Boliviana realizado en Oruro.

Después, Luzmila Carpio salió de Bolivia con rumbo a Europa donde comenzó una prolífica carrera que con los años la llevo a cantar en escenarios tan importantes como la Opera Comique de París, el Concertgebouw de Amsterdam, el Victoria Hall de Ginebra, el Queen Elizabeth Hall de Londres y el Auditori de Barcelona. oratorio. Canto de la Tierra y las estrellas está atravesado por un mismo sentimiento: el amor a la naturaleza que Luzmila Carpio heredó de su madre y su abuela y de la vida campesina en el Norte de Potosí. Su música está atravesada por ese sentimiento y por la misión que se ha impuesto la artista para crear conciencia ecológica. 

“El oratorio —explica— comienza con un agradecimiento a la luz del día, a nuestro Sol, al Tata Inti. La luz nos despierta y yo agradezco eso cantando en mi lengua, el quechua, que tiene tanta poesía”.

“Cuando yo era niña —recuerda Carpio— dibujaba montañas y detrás de las montañas el Sol asomaba su cabeza con rayos, con ojos y con una sonrisa. Por eso, la segunda canción del oratorio es un homenaje a las montañas. Yo vengo de 4.000 metros de altura, las potosinas estamos siempre junto a las estrellas. Las montañas para mí son sagradas. Las montañas pueden ser femeninas o masculinas. Allá viven nuestros ancestros, cuidándonos y protegiéndonos. He querido homenajear a esas montañas sagradas”.

Y en el curso del oratorio, junto a las montañas está la nieve. Y a ella también Carpio le dedica una canción. “En las puntas de las montañas —dice— están los nevados que son las canas de nuestros abuelos. Esas canas son la nieve y de esa nieve viene el agua. Y el agua es vida. En mi canto le pido a la nieve que no desaparezca, porque si desaparece se acaba la vida. La canción se llama El espíritu del agua”.

Y así, el Canto de la Tierra y las estrellas es un canto de esperanza. La voz de Carpio se eleva para entonar la alegría de los niños —“son la esperanza de nuestro planeta”, dice—, para latir junto a sus corazones. Y canta también junto a los animales, a los árboles y junto a las estrellas y la luna. Todo ello se escuchará en sus próximos conciertos en el Teatro Municipal. 

Ese es el espíritu que alimenta la música de la artista Luzmila Carpio. Ese espíritu que, una vez, le hizo decir lo siguiente a la argentina Mercedes Sosa:  “... Y de repente, una tarde-noche, un domingo, yo sentí el canto de un pájaro, un canto extraordinariamente bello. Puede usted creerme o no creerme. Y me dije: Mira, escucha a Luzmila cantando con las madres, sus cantos de Bolivia... Somos irrepetibles, somos únicos, por más que estemos solos; el canto nos ampara, viene de cualquier parte y se queda en el alma, como esa vez con Luzmila...”.// La Razón (COM)

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
Top