Ya se les ve en medios de comunicación, anuncios publicitarios, como dueñas de negocios, dirigentes e íconos de la moda, el caso es que la cholita escaló del último estrato social hasta ser una fuerza emprendedora en Bolivia.

Fieles a los sombreros, faldas anchas, chalinas y aguayos (tejido multicolor hecho a mano con lana de llama, oveja o de alpaca y llevado en la espalda), esas mujeres son el rostro de la tradición pero al mismo tiempo de la resistencia y evolución de un sector históricamente excluido.

Cholita paceñaHoy en día estas indígenas de origen aymara y quechua tienen influencia real en la economía, la política y la vida social del país andino, pero no siempre fue así.

Hasta hace pocos años se le impedía acceder a ciertos restaurantes, abordar taxis o autobuses públicos, y pasear libremente por barrios de élites o sitios céntricos.

"Nos decía, ÂíChola, no! cuando queríamos estar en esos lugares. Pero todo cambió y ahora nos movemos hacia donde queramos", comentó Teresa Condori, propietaria de un puesto de dulces en esta capital.

Las burguesías del pasado las relegaban al trabajo doméstico o al comercio ambulante porque por lo general eran campesinas que emigraban a las ciudades en busca de mejores oportunidades.

Cholita paceñaPero con las transformaciones profundas y masivas introducidas en Bolivia tras el ascenso al poder de Evo Morales -el primer presidente indígena- las cholitas reivindicaron su cultura y también demostraron capacidad de ser protagonistas de los cambios gestados en el país.

Ahora no solo se dedican al comercio, la manufactura y labores en el campo, sino que asisten a las universidades, trabajan y dirigen ministerios, bancos, oficinas y presentan programas de radio y televisión, escenarios antes inaccesibles e inimaginables para ellas.

"Hace 10 años era casi imposible pensar que una chola podía ser abogada o un periodista, o estar frente de una cámara de televisión, presentando un programa nacional", dice María Isabel Córdova, fundadora de una revista para la Comunidad Aymara de La Paz.

El ascenso social, económico y político de ese sector también puede apreciarse en la publicación Cholita, considerada la Vogue andina porque compila artículos de moda, sobre medioambiente, negocios y nuevas iniciativas para apoyarlas en su continuo resurgimiento.

Ese material es editado por la firma alemana Patchworld y circula mensualmente desde julio último con una tirada de ocho mil ejemplares, distribuidos en Bolivia, España, Francia y Alemania.

Según la editora principal, Ester Chaym, la revista es un homenaje a la elegancia e inteligencia de unas mujeres dignas "de mirar y admirar", pues cada vez ocupan una posición más preponderante en la vida de su país.

Las cholitas también llegaron a las pasarelas y cada año desfilan en diferentes eventos nacionales con los últimos diseños de artesanos bolivianos en zapatos, mantas, blusas, enaguas, joyas y adornos para el cabello.

Sin embargo, las modelos se capacitan en una escuela donde aprenden a moverse de manera específica con el objetivo de resaltar la vestimenta tradicional.

La promotora de ese centro, la exalcaldesa paceña Rosario Aguilar, insiste en que la cholita modelo debe ser más coqueta, tener más movimiento brusco pero combinado con la sonrisa y la picardía, la postura erguida y una pose de orgullo.

La institución también prepara a sus discípulas en temas como liderazgo, cultura, protocolo y desenvolvimiento en los medios de comunicación.

En el deporte no se quedan detrás y cada domingo miles de espectadores nacionales y extranjeros acuden a la ciudad de El Alto a ver las peleas de lucha libre entre cholitas, una modalidad creada como reivindicación de las mujeres indígenas hacia el machismo.

Las atletas por lo general son madres de familia con otros oficios y entrenan dos veces por semana.

Durante el combate usan sus atuendos habituales, emplean movimientos acrobáticos y aplican técnicas como llaves, candados y patadas karatekas, entre otras.

La disciplina se ha hecho tan popular que se mostró varias veces en el exterior y sus practicantes conformaron la Asociación de Cholitas Luchadoras de Bolivia para garantizar la seguridad médica y preparación deportiva.

El auge de ese segmento poblacional cuenta la historia de mujeres con un espíritu inquebrantable, que han resistido a la discriminación y hoy gozan de un creciente reconocimiento a nivel local e internacional.

En este mes de noviembre se cumplió el primer año de la declaratoria de la chola paceña como Patrimonio Cultural e Intangible de esta capital.

La norma calificó a esta mujer como "la personificación más cabal de la amalgama indo mestiza, que viniendo desde la colonia ha mantenido algunos indestructibles componentes de identidad e individualidad".

Ese texto también destacó que aunque los atuendos fueron una imposición española después de la revuelta indígena de 1781, la chola supo apropiarse de ellos con creatividad e imaginación femenina.// Prensa Latina (CU)

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